lunes, noviembre 30, 2009
De autobuses, esperas y viajes
Esboza un gesto de duda a la vez que se toca la barba. Nunca la había tenido tan frondosa, piensa. Consecuencia de retos personales, se está ahorrando dinero en cuchillas y ganando más de un comentario en una conocida red social. Objetivo conseguido.
Como ya no tiene prisa, se dirije a la parada con lentitud. Dado el frío que hace y que el banco de la parada es de metal, sentarse no le parece la mejor opción, así que se queda tal y como está. De pie.
Anticipándose a una larga espera, decide observar todo aquello que pueda encontrar a su alrededor y, lo primero que se encuentra es una mujer con sus hijos, todos ellos bajo capas de ropa. Le parece gracioso el aspecto que tienen. Vamos, más o menos el que él debe tener en ese momento (y si, además, le añades el irregular vello facial...)
Sin darse cuenta, comienza a divagar. Entre pensamientos, valoraciones y cosas por hacer, llega, sin buscarlo, al hogar.
Cuando uno está en otro país, lejos de casa, las perspectivas cambian. Eso es algo que sabe bien, ya que, quien le conoce, te dirá que es un "alma libre". Los que le conocen menos dirán que lo que ocurre es que es un despreocupado. La realidad es que en su interior está el deseo de libertad de los soñadores, la sana ignorancia de los idealistas y la grata esperanza de los que creen.
Por eso, no son los lugares los que le atan. Son, aunque le cueste admitirlo, las personas.
Hablábamos de perspectivas y, ahora, de personas. Desgraciadamente (o "agraciadamente", según se mire), la distancia hace de los amigos, verdaderos amigos. De los conocidos, poco más que eso. De la familia, un lugar que apreciar de verdad. Hace que dejemos de lado los híbridos y las pretensiones de los que aparentan ser y no son.
La llegada del autobús le hace volver a la realidad. Al subir en él, tan diferente de los autobuses rojos de su país, la muchacha que está en la tercera fila a la derecha le ve sonreír y no lo entiende. Lo que ella no sabe es que ese autobús a él le evoca recuerdos del pasado. Le trae a la memoria un viaje lleno de momentos, aun cree poder revivirlos: saborear nuddles, sentir el aroma del mar, los baches del camino... Definitivamente, la muchacha de la tercera fila a la derecha no podría entenderlo. Tendría que haberlo vivido o, por lo menos, haberlo escuchado.
Se sienta y, sin darse cuenta, se encuentra preguntándose si se arrepiente de haber decidido "volar" tan pronto. Y es que hay muchas cosas que echa de menos. Curiosamente las que creía que menos problema le supondría no tener: viernes en el hall de un internado - iglesia, sábados al sol del Levante decidiendo qué hacer. Discusiones interminables, tardes en casa de "pinky", el escuchar niños en casa, las deliciosas comidas de mamá, las conversaciones con papá...
Sin embargo, y al contrario de lo que pueda parecer, se siente bendecido. Hay quien dice que los caminos del Señor son inescrutables. Para él, más que nada, se le antojan una aventura. Tal vez sea porque es de los locos que abren caminos que luego recorren los sabios... aunque, más bien, él prefiere pensar que es de los sabios que abren caminos aferrados de la mano de su Maestro.
Es verdad que extraña momentos, personas, lugares... Sin embargo, como dice una vieja canción, la amistad no se resiente por la distancia cuando Cristo es el centro.
Ya ha llegado a su parada y, como indica la lógica, baja del autobús. Hoy, piensa, va a ser un buen día, porque el pasado, el presente y el futuro con Cristo suponen buen pronóstico.
No sin problemas, si no con confianza y, en consecuencia, llenos de esperanza.
viernes, septiembre 04, 2009
Hoy podría haber sido un día cualquiera
Lo que tienen en cumún es que, esos aportes, así como ellos mismos, son siempre valiosos.
Esa es la razón de que esta historieta se la dedique a un amigo que, desde playas paradisiacas (que probablemente tengan sirenas, porque inspiran a más de uno... o, por lo menos, eso me dijo ;) ), me animó a seguir escribiendo. (Gracias)
Hoy podría haber sido un día cualquiera: la música de fondo, procedente de un nuevísimo iPod nano, la habría acompañado hasta la estación de metro. Una vez allí, habría adecuado el volumen al entorno. Que nada altere ese estado de… ¿normalidad?¿rutina? Dejémoslo en que nadie altere ese estado.
Hoy podría haber sido un día cualquiera pero, por desgracia, no ha sido así. Todo por culpa de esa estúpida red social llamada Facebook, piensa para sí misma.
Es curioso cómo el Ser Humano, desde los inicios de nuestra historia, se ha especializado en echar la culpa a otros. Al parecer, creemos que eso es más práctico que resolver los problemas que nosotros mismos originamos. Tal vez sería más práctico pedir ayuda o, por lo menos, aceptarla.
Sea como sea, sigue pensado que la responsabilidad de este irregular comienzo del día la tiene esa maravillosa forma de encontrar viejos amigos. Si no hubiese aceptado esa “solicitud de amistad”…
El amigo en cuestión era uno de esos que, en el pasado, fue Amigo. Con mayúsculas y sin ningún añadido. Simplemente amigo.
Curiosamente, hijos de dos viejas amigas, nacieron el mismo día, el mismo mes y el mismo año. Como es de esperar, crecieron juntos y compartieron primeras experiencias (mocos, “cole”, playa… y un largo etc), aventuras (conseguir el bote de nutella que sus madres escondían con tanto ahínco, entre ellas) y sueños (escalar el Everest y descubrir a qué huelen las nubes, viajar por el mundo entero, a ser posible en 80 días, como Willy Fogg…)
Los mayores, preocupados, aguardaban a la adolescencia. Tal vez porque temían la explosión de hormonas o, a lo mejor, simplemente era el miedo a lo desconocido. Lo cierto es que estos mediadores químicos se comportaron mejor de lo que cabría esperar. En cuanto a ellos, a los personajes en cuestión, siguieron como hasta el momento. Inseparables. Él no la veía como una chica ni ella como un chico. Ellos eran, simple y llanamente, amigos. Inseparables e irremplazables. O, por lo menos, eso era lo que pensaban…
Probablemente sea eso por lo que le cause tal malestar las “inocentes” preguntas que él le hizo el día anterior. Sabía que las había hecho con el cariño del que fue amigo, del que compartió más que tiempo. Pero, aún así, ¿Cómo se había atrevido?
Si Facebook no tuviese “chat”, sólo amables (y alegres) comentarios.
En uno de esos nunca le hubiese dicho: “¿Qué te ha pasado?” , “¿Tu vida cumple las expectativas que tenías cuando todavía éramos inseparables?” o un simple, “¿Eres tan feliz como creías que serías?”.
Es cierto que ella no era la de antes, pero él tampoco, piensa ella.
Hay quien dice que todas las amistades tienen un punto de inflexión. Según tales teorías, a partir de ese punto en el que la amistad habría alcanzado un máximo, ésta comienza a decrecer.
Sin embargo, lo suyo fue como un batacazo. ¿Origen? La universidad. Tan absortos en memorizar conocimientos, que no aprenderlos, se olvidaron de cuidar lo más valioso. El resto lo hizo la distancia y la falta de horas de charla + el exceso de horas de siesta.
El tiempo pasó… siguió pasando… y llegaron al punto de tener que reencontrarse por un medio que despersonaliza y hace que te sientas, más que nunca, parte de una gran masa de gente que hace lo mismo que tú. Menos mal que el fin del mismo supone algo positivo. Creo.
Ese “¿Cumples las expectativas...?”, que suena tan inocente, es la razón de que su día no haya comenzado como era de esperar.
A lo mejor es porque entre sus expectativas no estaba la de que lo único que compartiría con su esposo sería una casa con muchos muebles, comidas en silencio y algún que otro monosílabo.
Tampoco lo de ir a trabajar en metro. Y menos para meterse en un cubículo, que está dentro de un piso y éste, a su vez, dentro de un edificio demasiado gris para su gusto. Hubiese preferido ir andando y que su lugar de trabajo hubiese sido un poco más… original.
No esperaba dejar de soñar sueños de verdad para soñar con cosas, y aún así un día lo hizo. Eso sí, tiene unos cuadros que ya quisieran muchos… (y eso que no te ha mencionado su colección de libros)
Sin embargo, aún conserva cierto “optimismo”, por lo que decide decantarse por la idea de que no está tan mal. Que lo que los niños esperan de su vida es irreal. Al fin y al cabo, lo único que ha hecho ella ha sido madurar. Eso implica cambios y, entre ellos, el de la forma de pensar. Es lo “normal”, ¿No?
Tras tanta tontería, se centra en lo que toca. Aun quedan unas cuantas paradas, así que se coloca los cascos tranquilamente y adecua el volumen al entorno. Que nada altere ese estado de… ¿normalidad?¿rutina? Dejémoslo en que nadie altere ese estado.
Y tú, en este momento ¿cumplirías tus expectativas o, simplemente, las has cambiado?
jueves, mayo 07, 2009
That's my King!!!
Hoy ha sido uno de esos días en los que todo parece que va al revés. En los que parece que nada va a ir como tú esperabas. Así, con esto en mente, me he encontrado con este vídeo...
Entonces, me he dado cuenta de que, muy a menudo, no soy consciente de lo que realmente tengo. De que tengo un Rey con el que nada, NADA, va al revés. Porque Él le da el verdadero sentido a mi vida.
The late Dr. S. M. Lockeridge, a pastor from San Diego, California
said these words in a sermon in Detroit in 1976:
(siento no haberlo traducido... podéis hacerlo en el traductor google si no lo entendéis...)
"My King was born King. The Bible says He's a Seven Way King. He's the King of the Jews - that's an Ethnic King. He's the King of Israel - that's a National King. He's the King of righteousness. He's the King of the ages. He's the King of Heaven. He's the King of glory. He's the King of kings and He is the Lord of lords. Now that's my King.
Well, I wonder if you know Him. Do you know Him? Don't try to mislead me. Do you know my King? David said the Heavens declare the glory of God, and the firmament shows His handiwork. My King is the only one of whom there are no means of measure that can define His limitless love. No far seeing telescope can bring into visibility the coastline of the shore of His supplies. No barriers can hinder Him from pouring out His blessing.
He's enduringly strong. He's entirely sincere. He's eternally steadfast. He's immortally graceful. He's imperially powerful. He's impartially merciful. That's my King. He's God's Son. He's the sinner's saviour. He's the centerpiece of civilization. He stands alone in Himself. He's honest. He's unique. He's unparalleled. He's unprecedented. He's supreme. He's pre-eminent. He's the grandest idea in literature. He's the highest personality in philosophy. He's the supreme problem in higher criticism. He's the fundamental doctrine of historic theology. He's the carnal necessity of spiritual religion. That's my King.
He's the miracle of the age. He's the superlative of everything good that you choose to call Him. He's the only one able to supply all our needs simultaneously. He supplies strength for the weak. He's available for the tempted and the tried. He sympathizes and He saves. He's the Almighty God who guides and keeps all his people. He heals the sick. He cleanses the lepers. He forgives sinners. He discharged debtors. He delivers the captives. He defends the feeble. He blesses the young. He serves the unfortunate. He regards the aged. He rewards the diligent and He beautifies the meek. That's my King.
Do you know Him? Well, my King is a King of knowledge. He's the wellspring of wisdom. He's the doorway of deliverance. He's the pathway of peace. He's the roadway of righteousness. He's the highway of holiness. He's the gateway of glory. He's the master of the mighty. He's the captain of the conquerors. He's the head of the heroes. He's the leader of the legislatures. He's the overseer of the overcomers. He's the governor of governors. He's the prince of princes. He's the King of kings and He's the Lord of lords. That's my King.
His office is manifold. His promise is sure. His light is matchless. His goodness is limitless. His mercy is everlasting. His love never changes. His Word is enough. His grace is sufficient. His reign is righteous. His yoke is easy and His burden is light. I wish I could describe Him to you . . . but He's indescribable. That's my King. He's incomprehensible, He's invincible, and He is irresistible.
I'm coming to tell you this, that the heavens of heavens can't contain Him, let alone some man explain Him. You can't get Him out of your mind. You can't get Him off of your hands. You can't outlive Him and you can't live without Him. The Pharisees couldn't stand Him, but they found out they couldn't stop Him. Pilate couldn't find any fault in Him. The witnesses couldn't get their testimonies to agree about Him. Herod couldn't kill Him. Death couldn't handle Him and the grave couldn't hold Him. That's my King.
He always has been and He always will be. I'm talking about the fact that He had no predecessor and He'll have no successor. There's nobody before Him and there'll be nobody after Him. You can't impeach Him and He's not going to resign. That's my King! That's my King!
Thine is the kingdom and the power and the glory. Well, all the power belongs to my King. We're around here talking about black power and white power and green power, but in the end all that matters is God's power. Thine is the power. Yeah. And the glory. We try to get prestige and honor and glory for ourselves, but the glory is all His. Yes. Thine is the Kingdom and the power and glory, forever and ever and ever and ever. How long is that? Forever and ever and ever and ever. . . And when you get through with all of the ever's, then . . .Amen!"
viernes, marzo 20, 2009
No existen palabras

Segunda de las "historietas" que he encontrado en el "baúl de los recuerdos" de mi ordenador. Parece que, al final, se les coge cariño y a una no le queda más que colgarlas :P
Había sido una persona normal. Hasta que lo conoció a Él. Entonces su vida dio un giro inesperado, y no volvió a ser nunca más la misma persona.
Lo cierto es que siempre había sabido de su existencia. Su relación había sido como la de aquellos que se saludan al verse por la calle, pero que nunca han cruzado más de dos palabras.
Sin embargo, y por diferentes circunstancias de la vida, un día alguien vino a su casa y se lo presentó. Le contó cosas de Él que ella ni habría imaginado.
Poco a poco le fue conociendo más. Estrechando su relación con Él y aumentando su fe.
Sus amigos decían que ya no era igual que antes. Que ahora sus ojos brillaban y la esperanza se dibujaba en su rostro.
Llegaron dificultades. Lo cierto es que tuvo que dejar muchas cosas por Él. Incluso, muchos de los que ella más quería, le dejaron de lado. Pensaron que se había vuelto loca y que todo lo que Él significaba para ella, todo lo que creía, no era más que un absurdo.
Aun así, se mantuvo fiel. Siguió junto a Él, sabiendo que todo lo que ella le diese sería poco, porque Él la amó tanto que dio su vida por ella.
Al fin, llegó el día en el que su esperanza se cumplió. Vio el rostro avergonzado y triste de todos aquellos que habían creído que dicha esperanza no era más que un cuento. Vio las sonrisas de niños expectantes de conocer a su Padre.
Entonces, pudo confirmar que sabía en Quien había creído. Y mientras Él le abrazaba, se dio cuenta de que todo lo que había esperado, deseado, imaginado era poco. Que para expresar la majestuosidad y grandeza de lo que se presentaba ante sus ojos simplemente no existían palabras.
“¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno, según sea su obra” Apocalipsis 22:12
ReEncuentros
Rebuscando por los archivos de mi ordenador me he encontrado algo que escribí hace tres años. Me ha parecido interesante colgarlo, por llevar una parte de mí y de mi compañera la viola, con la que he compartido tantos ratos... y momentos.Por esa razón, escribo para mí. Sin esperar que nadie vea en este conjunto de letras una inspiración, o algo que admirar.
Hoy me he reencontrado con mi viola. Y, como buena compañera, ha escuchado todo lo que tenía que decirle.
Le he hablado acerca de una niñez feliz. De tardes jugando, cabañas imaginarias.
Le he hablado del principio, cuando todo queda lejos y parece prácticamente imposible. Y del final, cuando lo que quedan son recuerdos. Cosas que pasaron. Huellas en el corazón.
Le he hablado de personas. De gente que está y estuvo ahí. De los que me hicieron soñar, ver más allá. De los que me enseñaron más de lo que nunca podré percibir. De los que me amaron incondicionalmente, esos, los amigos. De los que compartieron interminables ratos conmigo. De los que me hicieron reir y llorar.
Le he hablado de promesas. Algunas rotas, otras olvidadas y, unas pocas, realizadas.
Le he hablado sobre el mundo que he visto. Sobre riqueza y diversión, pobreza y generosidad. Sobre un mundo loco, en el que todo está al revés.
Le he hablado sobre el amor. Aquel que nos da nuestra familia, incondicional y perpetuo. Sobre el interesado. Sobre lo que se cree que es amor, pero termina siendo tan solo pasión o un sucedáneo de esta.
Le he hablado sobre etapas superadas. Recordándole nuestro tiempo juntas. Desde el momento en el que la cogí por primera vez, hasta ahora. Sobre como hemos crecido, y eso ha traído cambios. Algunos buenos, otros no tanto.
Le he hablado sobre miedos, pesares, cosas que quedarán ahí. Momentos vergonzosos, quizá por ello graciosos.
Le he hablado sobre un Padre Amante que he ido conociendo a lo largo de estos años. Sobre sus bendiciones, su amor incomprensible, su grandeza.
Tantas cosas había que contar, que el tiempo dejo de pasar. Los recuerdos dejaron de ser recuerdos y se tornaron realidad. Y entre reflejos del ayer, y sueños del mañana nos quedamos dormidas. Soñando con un mañana mejor. Con el día en el que el tiempo dejará de pasar. Cuando las fronteras sean puentes. Cuando el amor de aquel Padre sea lo único que nos quede por comprender.
"Ayúdanos a contar nuestros días de manera que traigan sabiduría a nuestro corazón" Salmos 90:12
domingo, marzo 15, 2009
29 de febrero
Lanza una mirada al infinito, al tiempo que acaricia la foto que tiene en sus manos. En ella hay una imagen, en blanco y negro, de una joven pareja. Él, moreno y alto, con mirada profunda y segura. Ella, con ojos risueños y sonrisa disimulada.
Se queda mirando a la muchacha de la imagen. Le parece que aun puede recordar ese día. Ese instante. Ella pensaba que eso de salir tan serios en las fotos no era interesante. De ahí la sonrisa reprimida. En aquél entonces, a él, le había parecido una tontería. Una de esas que tanto le gustaban de ella. Sin embargo, ahora, cada vez que miraba la foto, no podía dejar de contemplar esa pseudosonrisa. Le encantaba.
Respira hondo y deja el marco en la mesilla a la que pertenece. En ella se encuentra todo aquello que le recuerda que tiene un pasado, aunque a veces le parezca demasiado lejano. Como un sueño.
Nació un 29 de Febrero de 1928 en la soleada Andalucía. De pequeño le encantaba jugar en el cortijo de su abuelo, corriendo de arriba abajo todo el día. Luego llegó la guerra…. Nunca le gustó mucho hablar sobre aquellos tiempos. Tal vez, pudiera ser, el miedo y la tristeza que la acompañan habían hecho que todos aquellos sucesos apareciesen como borrosos en su mente.
El tiempo pasó, y con él la guerra y los años. Llegado el momento, comenzó a trabajar. Su familia siempre se dedicó al campo, así que siguió con tal costumbre; pero no únicamente por herencia, sino porque era algo que le apasionaba.
Tal y como el solía decir, llevaba el campo en la sangre y, hasta que se encontró con ella, a él era al que más tiempo dedicaba.
Entonces, llegamos a ella. La primera vez que la vio, hay quien dice que por casualidad, otros por capricho del destino, fue un 29 de Febrero. El de 1948.
Tal y como él lo recordaba, que probablemente no sea como ocurrió, ese 29 de febrero había parecido un 29 de junio. Por esa razón, las calles del pueblo se habían llenado de gente que venía de diferentes lugares a disfrutar del día.
Mientras paseaba por las estrechas y sinuosas calles del pueblo, se cruzó con ella. No había nada que la hiciese especialmente bella. Pero llamó su atención, tanto que casi se tropieza con un gato que paseaba por allí, el cual, tras mirarlo con cara de pocos amigos, siguió caminando con paso tranquilo. Cuando fue a girarse, para ver si ella aun seguía allí, se dio cuenta de que ya no estaba.
Pasó el tiempo, y no volvió a ver a la chica. Pensó que quizá había idealizado la situación y, con el tiempo, cayó en el olvido.
No sería hasta 6 meses después cuando se volviese a encontrar con la misteriosa muchacha.
Era julio, las fiestas del pueblo. Mientras bromeaba con sus amigos acerca del decorado de las calles y la música, le pareció ver, entre la gente, una cara que le era familiar.
Se dirigió hacia ella y, con la sonrisa más tonta de todas, comenzó a hablarle. Ese fue el comienzo de su, interesante, amistad.
Las tardes se le hacían cortas cuando estaba con ella. Le encantaba su peculiar forma de interpretar el mundo, escucharle relatar todo aquello a lo que aspiraba y ver cómo defendía sus ideales y principios.
Tras compartir las tardes, las mañanas, las noches, los sueños… llegaron los niños. El día menos pensado, éstos se habían convertido en adultos. Parecía como si alguien, sin que él se diese cuenta, le hubiese dado a “pasar rápido” (Algo que él no había esperado).
Tan rápido que, sin darse cuenta, comenzó a asistir a los funerales de aquellos a los que tanto había amado. Y se encontró lamentando palabras que nunca había dicho. Promesas que no había cumplido.
Sin embargo, lo peor llegó cuando ella se fue. Le dolía su ausencia y soñaba sus caricias. Ansiaba volver a mirar sus ojos porque, aunque sabía que volvería a hacerlo, le parecía que, para eso, el tiempo pasaba muy despacio.
En ese momento, se dio cuenta de que el mundo, tal y como él lo había conocido, había dejado de existir.
Y volvemos al punto del que partimos, nos lo encontramos dejando el marco en la mesilla. Escucha, por el pasillo, unos zapatitos caminando, más bien corriendo. El más pequeño de los nietos se asoma por la puerta y le dirige una sonrisa de oreja a oreja. Él le extiende los brazos y el pequeño se acerca con el fin de sentarse en las piernas de su abuelo.
Entonces, se da cuenta de que puede que, para él, haya pasado, en gran parte, el mundo que conoció. Sin embargo, para este pequeño todo está por llegar. Se imagina todos los sueños que le quedan por cumplir, otros sólo por soñar. Todas las cosas que aun debe aprender, todas las sonrisas que va a compartir. Se imagina los amigos con los que compartirá sus días, esos que le ayudarán a crecer y a compartir. Aquellos que se llevarán con ellos, vayan donde vayan, una parte de su corazón.
Es muy probable que pase el tiempo y el pequeño no se acuerde de él. O que los recuerdos que tenga sean vagos e imprecisos. Pero no le importa, lo único que espera es que viva una vida con sentido, en la que Dios sea lo primero y las personas lo más importante.
Que los sueños e ilusiones marquen su futuro. Espera que, como mínimo, viva lo que él ha vivido…
El niño se baja de sus piernas y, nervioso, se va como vino. Correteando por el pasillo.
Él, por su parte, se duerme mirando una foto en blanco y negro, esperando soñar con la muchacha que, tiempo atrás, le había quitado el sueño. Esa de ojos risueños y sonrisa disimilada....
miércoles, noviembre 12, 2008
A corazón abierto...
jueves, febrero 14, 2008
Juntos
Lo cierto es que no sabía lo que le esperaba al llegar. Habían pasado 30 años, y parecía que fue ayer cuando cogió ese primer avión. Tras eso, los países y paisajes se fueron sucediendo uno a otro, y sin darse cuenta, el tiempo había pasado muy rápido, a veces, y otras demasiado lento. De todas maneras, el paso del tiempo no había borrado una despedida, lejana ya, de su mente. Aun recordaba todo aquello que nunca dijo ni escuchó decir.
Al llegar a casa, lo encontró todo como lo había dejado. Siempre imaginó que sus padres se cansarían de tener un cuarto para alguien que nunca paraba por allí. Al fin y al cabo, se dijo, eso es lo que hace únicos a aquellos que nos quieren. Que nunca dejan de esperar.
Entonces se acordó de él, y se preguntó qué habría sido de su vida. No es que hubiesen perdido el contacto, pero poco a poco los e-mails se habían ido llenando de palabras y vaciando de sentido. Perdiendo esencia. No es que creyese que le había estado esperando. Aunque sí que es verdad que deseaba que lo hubiese hecho.
De todas maneras, sabía que probablemente él habría cambiado. Al fin y al cabo, ella ya no era la misma que 15 años atrás cogió un avión con el objetivo de conocer nuevas culturas, ver paisajes diferentes y oler las diversas esencias del mundo. Su aspecto había cambiado, y su forma de pensar, en muchos aspectos, también.
Todos esos años fuera de “casa” le habían hecho madurar, comprender las diferencias, meditar sobre los errores cometidos, y arrepentirse de algunos de ellos. Había aprendido a evitar que el miedo o la vergüenza le alejasen de aquellos a los que más quería.
Al cabo de unos días, cuando la rutina ya empezaba a hacerse sentir, sonó el timbre. Al abrir la puerta se encontró con que al otro lado había un hombre que le recordaba mucho al joven del que se despidió años atrás. Observó que, a pesar de tener alguna que otra arruga de más, conservaba la misma mirada. Sincera, paciente y alegre.
En ese momento no supo que decir. Siempre había pensado que, si lo volvía a ver, le diría todo aquello que no fue capaz de decir en el pasado. Todo aquello que sólo fue capaz de plasmar en una carta. Pero lo único que hizo fue sonreír.
Él le miró y le dijo: “Te he estado esperando. La verdad es que pensaba que tardarías menos en volver. De todas maneras, se dice que más vale tarde que nunca, por eso antes de nada, necesito que sepas que leí tu carta. Que durante estos años he evitado mirar todos los paneles de la autopista, porque me recordaban a ti. Estoy seguro de que has cambiado, y no sé si aun estás dispuesta a venir a pasear conmigo. O a madrugar para ver una puesta de sol. No sé si querrás todas las frases que te he escrito. No sé si querrás aceptar la flor que te he traído”
Y el tiempo volvió a pasar, y él volvió a asegurarse de que ella poseía todas las virtudes y defectos que él se creía capaz de amar. Volvieron a pasar buenos ratos, pero esta vez sabiendo que lucharía porque aquello tuviese un final feliz.
El tiempo siguió pasando, y siguió enamorándose cada vez más. La diferencia fue que esta vez, ninguno de los dos calló lo que sentía.
Dicen que la última vez que los vieron fue en un aeropuerto. Lo único que dijeron es que querían conocer nuevas culturas, ver paisajes diferentes y oler las diversas esencias del mundo. Pero esta vez, juntos.
“Con el tiempo aprenderás que perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba, ya no tiene sentido. Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo…” J.L Borges
(se trata de la segunda parte de "tan solo un Sueño")
